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Los tres
folladores de un castillo de la ciudad del placer salieron un día con sus
corceles negros para ver si pillaban alguna hembra en celo. Porque sus
pistolones estaban cansados de siempre con las mismas mujeres, ya artos de
cabalgar mas de cuatro horas a trote, desesperados y sin ninguna presa para
follar, decidieron volver al hotel, cual fue su sorpresa una yegua trotando con
una rubia despampanante en sus posaderas, la chica se paro y pregunto el
castillo del vicio donde esta que vengo con unas ganas de que me la metan y
quiero encontrarlo ya. Los tres calentones no dudaron en bajarla de su yegua y
comenzaron a besarla , acariciarla , magrearla de tal manera que la muchacha
exclamaba de placer , no tardaron en desnudarla y mientras lo hacían, se estaban
sacando sus penes ya tan erectos, que necesitaban metérsela, ella se arrodillo
ante ellos y mientras a uno se la comía a los otros los pajeaba y se iban
cambiando sucesivamente, uno se tumbo en el suelo y se la puso encima , el otro
le comía el ano tan jugoso asta dilatar y así poder penetrarla analmente, y
claro el otro su polla en la boca aquella tan carnosa. Aquello si que era una
buena orgía de placer, comidas, folladas, aunque solo era una. El que se la
metía en el culo la saco y disparo su leche en toda su cara, al que se la mamaba
en su cuerpo, y el de debajo en todo sus pechos, y de tanto placer, pactaron,
una para todos y vosotros para mí.
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