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En una noche muy
oscura y cerrada, había un área de servicio, en la cual se pararon dos chicos
con unos andares un poco extraños. Aparcaron su coche destartalado y entraron en
el área, se acercaron al mostrador y amenazaron al pobre dependiente de que les
diera toda la pasta, cuando se disponía a dársela, una mujer policía se les
acerco por detrás y con su porra les hizo abrirse de piernas y las manos arriba.
La policía comenzó a cachear a uno de ellos y mando al dependiente a que saliera
del mostrador para ayudarle, el chico hacia exactamente lo mismo que ella, la
policía comenzó a acariciar los muslos, despacito, su pene, y le bajo los pantalones, acto seguido introducía su porra en el ano de aquel individuo, el
dependiente al mismo tiempo le estaba metiendo su pene alargado y duro. Aquellos
tipos comenzaron a gemir de placer, y la policía no entendía todo aquello, ella
creía que les daría dolor y era lo contrario les daba placer. A todo aquello le
dio la vuelta y empezó a comerle su pene tan duro como una roca, los otros dos
seguían dándose entre ellos por el culo, asta que se la saco y se le corrió en
la cara del dependiente y el otro elemento hizo lo mismo con el. La mujer
policía estaba disfrutando como una leona con aquella tranca tan enorme. Se la
saco de la boca y todo el semen fue a parar a su cara y la policía con sus dedos
se lo comía todo. Al final resulta que a los ladrones les dieron un premio
porque eran bisexuales.
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