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Me encanta el
graffiti, y no se me da mal. Una noche me llamaron para hacer uno, en protesta
por las razas, estaba trabajando en ello, cuando se acerco un coche, se bajaron
de el cuatro hombres, jóvenes y musculosos, se identificaron como policías, me
dijeron que debía acompañarlos, me asuste, y les pregunte si estaba detenida, me
dijeron que no, pero debía acompañarlos.
Cuando llegamos al
lugar, supuestamente, lo que debía ser una comisaría, era un gran edificio, me
hicieron bajar, y el portero los saludo con reverencia, yo no entendía nada, me
habían secuestrado, me deje llevar por los acontecimientos, cojimos un ascensor
y subimos al ático. Cuando se abrió la puerta, me encontré con un gran salón, y
una lámpara de las llamadas arañas. Me ordenaron que me sentara y pusiera
cómoda, quítate la ropa y quédate solo con las braguitas, así lo hice mientras
ellos entraban en una habitación., cuando volví a mirar la puerta, esta se abrió
y salieron los cuatro, desnudos, con solo una pequeña toalla que les cubría sus
grandes y erectos penes. Me imagine que aquellos acabaría en una múltiple
violación, me deje hacer, deje mi cuerpo al antojo de aquellos cuatro hombres,
me dijeron que no me harían daño, que iba a gustarme. Me levantaron de la butaca
y uno se agacho, empezó a tocarme y acariciarme mi húmedo conejito, otro estaba
deleitándose con mis pechos, el tercero se divertía con mi ano el cuarto no me
dejaba respirar, tenia su lengua en mi boca, cuando me di cuenta me encontré,
tumbada en la alfombra en una bacanal de sexo y con todos mis agujeros ocupados.
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