|
La falda me
quedaba una talla grande y llame al dependiente para que me trajera
una talla menos, cuando me la trajo le pedí que me ayudara con la
cremallera pues por ironías del destino se quedo atascada, fue
entonces cuando el dependiente algo tímido tuvo que meter la mano
entre la falda y mis piernas, este al ver mi nerviosismo
intento tranquilizarme, yo estaba nerviosa por la situación que se
me antojaba algo cómica, de pronto note como una mano me acariciaba
las piernas, intente hablar cuando el me dijo que me dejara llevar,
empezó una suave caricia que acabo en mi tanga el cual arranco
de un tirón firme y seguro, me empujo hacia la pared del probador,
gire la cabeza a la izquierda y vi algo
que me dejo helada, tenia su pene fuera del pantalón, lance un
ligero suspiro al pensar que ese pene me haría maravillas en mi
calentito chichi, estaba húmeda, que dulce sensación la de la
posesión a la fuerza, la situación me iba excitando cada vez mas,
llego un momento en el que le roge que me penetrara. Yo me encontraba de espaldas a el y por el espejito conseguía verlo
que me iba haciendo, se acerco a mi yo notaba ese miembro erecto en
mis nalgas, golpeándome en mi calentito y deseable culo, fue bajando
el pene hasta llegar a mi chicha, cuando iba a rogarle que me la
metiera note un fuerte dolor acompañado de una quemazón en mi
chicha, me había metido su miembro, brutalmente a golpe de cadera,
jamás mi marido con lo sensual que era me penetrado así, me gusto, y
me corrí como una burra, orgasmo como una perra, y me moví como una
loca, hasta el punto de hacer que se corriera en mi chicha. Me lleve
la falda a casa con la satisfacción de haber metido el mejor polvo
de toda mi vida.
|