Fui a cenar a casa
de mi buena amiga Alicia, Éramos amigas de la infancia no teníamos secretos, y
su vida sexual era muy ambigua, estábamos en el segundo plato, cuando apareció
su fiel perro, Tango, un pastor alemán, traído de Hamburgo.
Estábamos hablando
cuando note u n estremecimiento en mi amiga, le pregunte si estaba bien, y me
dijo … ahora si, note algo, no sabia el que, pero mi intuición hizo que buscara
con la vista al perro, no estaba, al instante note unos coletazos en mis
piernas, pensé que buscaba comida o jugaba con las piernas de mi amiga, al poco
rato note en Alicia un alo de excitación, y, un brillo morboso se dibujo en sus
ojos, su boca se fue abriendo, poco a poco, un gemido, aquello era lo mas raro
que había visto.
Por instinto, tire
la servilleta al suelo, no sabia que pasaba debajo de la mesa. Entonces vi.,
como Tango estaba comiéndose el jugoso y húmedo conejito de Alicia. Estaba muy
excitada y no se había dado cuenta de mi descubrimiento, no lo podía creer, mi
amiga, y, su perro, en un sórdido juego de sexo, Le dije a mi amiga que me
retiraba, y, esta me pidió que me esperara, mas abiertamente y sin ninguna
vergüenza, mi amiga se puso a cuatro patas, dejando su conejito al antojo del
perro, el pastor la penetro, parecía que a mi amiga le gustaba, gozaba de
verdad, sentí un ligero alo de excitación, pero enseguida descarte esa idea de
mi cabeza, una penetración con un perro, espere a que mi amiga acabara y me
marche, con un grado de excitación que solo un animal seria capaz de apaciguar. |